Tres llamadas por una sola pastilla de freno. Ahí se va tu mañana.
El cliente pregunta cuánto cuesta y cuándo puede ser. Tu mostrador primero tiene que buscar el precio, luego el plazo, luego devolver la llamada, y entonces resulta que el cliente está en una reunión. Ese ir y venir es el trabajo, no la reparación.
Esperar una respuesta que ya existe.
En cada consulta de reparación hay las mismas tres incógnitas: está la pieza, cuánto cuesta y cuándo puede venir el coche. Mientras una siga abierta no se puede planificar nada.
Lo raro es que casi siempre es información conocida. Está en tu sistema o se consigue con una sola pregunta a tu proveedor. Solo que cada vez hay una persona en medio que justo no tiene tiempo.
Mientras tanto el cliente espera, y esperar es el momento en que la gente se pone a mirar en otro sitio.
- Una reparación que solo se puede planificar después de tres llamadas a menudo no se planifica nunca.
- Prometes una fecha y luego descubres que la pieza no llega hasta la semana que viene.
- Tu mostrador pierde media mañana devolviendo llamadas.
Qué hace el sistema.
Primero comprobar, solo después prometer algo.
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01
Se afina la consulta
Qué coche, qué pieza, delante o detrás, qué versión. La matrícula ya responde a la mayor parte.
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02
Disponibilidad y precio incluidos
A partir de lo que tú hayas definido o de la fuente que conectes. Si no está, el plazo se consulta en vez de adivinarse.
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03
El cliente se entera, también si es mala noticia
Un honesto «no está disponible hasta el martes» es mejor que el silencio. Así el cliente decide él mismo si espera.
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04
La cita sigue al plazo de entrega
Solo se reserva fecha cuando está claro cuándo llega la pieza. Así nunca hay un coche en el elevador sin pieza.
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05
Los casos dudosos pasan a tu mostrador
Una versión poco clara, una pieza con tres variantes, algo que hay que pedir sin derecho a devolución. Eso lo decide una persona.
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06
Nada queda abierto
Cada consulta tiene un desenlace: pedida, abandonada o planificada. Se acabaron los papelitos en el mostrador.
Una conversación que sale de aquí.
Un ejemplo, no la grabación de un cliente. El tono lo pones tú, este es el nuestro.
Menos idas y venidas, más trabajo reservado.
El cliente no se cae durante la espera
La respuesta llega en la misma conversación. No hay ningún momento en el que se ponga a mirar en otro sitio.
Sin promesas vacías sobre fechas
Una cita solo se reserva cuando se conoce el plazo de entrega. Eso ahorra cancelaciones y decepciones.
Tu mostrador ya no devuelve llamadas
El montoncito de llamadas pendientes del mostrador desaparece, y con él la sensación de que siempre queda algo sin hacer.
El stock se hace visible
Lo que se pide a menudo y hay que encargar cada vez destaca. Esa es información útil para tus compras.
No es una ayudita suelta.
Este agente está entre una consulta y una cita. Sin él, el sistema promete fechas que el taller no puede cumplir.
- Planificación del tallerSolo recibe una franja que reservar cuando se conoce el plazo de entrega.
- Seguimiento de presupuestosUsa los mismos precios en el presupuesto que sale.
- Registro de dañosSabe qué piezas hacen falta en un siniestro.
Lo que este agente no hace.
- No pide nada él mismo. Busca e informa; pedir lo hace tu mostrador.
- No elige entre variantes cuando la versión no está clara.
- Sin integración con tu stock o proveedor trabaja solo con lo que tú hayas definido.
- No compara precios entre proveedores.
Primero saber qué hay. Solo después una fecha.
Veinte minutos con tus propias cifras. Enseñamos qué haría este flujo en tu taller, o por qué conviene más empezar por otro.
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