El precio está calculado y enviado. Después ya no pasa nada más.
El trabajo caro ya está hecho: buscar, pedir piezas, montar un importe. Lo que falta es el último empujón, y ahí está justo el margen. Un presupuesto sin seguimiento es una inversión que tiras.
Ni sí, ni no, solo silencio.
Un cliente recibe un precio para una correa de distribución o un juego de amortiguadores y dice que se lo va a pensar. Eso no es un no, es un cliente que de momento no quiere decidir. Si después nadie retoma el tema, esa duda se convierte sola en un no.
Hacer seguimiento casi nunca ocurre. No por mala voluntad, sino porque siempre hay algo más urgente que alguien que no da señales. Y porque resulta incómodo llamar para hablar de dinero.
Un no también tiene valor, por cierto. Así sabes que no tienes que planificar ese coche y se acaba la espera.
- El trabajo de búsqueda ya está pagado, pero no da nada.
- El cliente sigue conduciendo con un problema y vuelve averiado a otro sitio.
- Nadie sabe qué presupuestos siguen abiertos y cuáles están muertos.
Qué hace el sistema.
Tres contactos, en tu tono, y después claridad.
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01
El presupuesto aparece
En cuanto sale un precio, queda en la lista con una fecha. Ves en una sola pantalla qué está pendiente y desde cuándo.
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02
A los dos días: ¿está claro?
Sin discurso de venta, solo la pregunta de si llegó el presupuesto y si algo no quedó claro. Esa suele ser la objeción real.
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03
Las preguntas reciben respuesta
Por qué es tan caro, tiene que ser ya, se puede hacer por partes, cuánto puedo seguir conduciendo. Esas preguntas son el motivo del silencio.
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04
Al cabo de una semana: ofrecer una fecha
No volver a preguntar si se lo ha pensado, sino nombrar una franja concreta. Así el sí resulta más fácil que el no.
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05
A las dos semanas: cerrar con elegancia
Un último mensaje que dice que el presupuesto va a caducar y que todavía puede responder. Después se para de verdad.
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06
Cada presupuesto recibe un estado
Reservado, rechazado o caducado. Se acabó la lista de cosas de las que nadie sabe si siguen vivas.
Una conversación que sale de aquí.
Un ejemplo, no la grabación de un cliente. El tono lo pones tú, este es el nuestro.
El margen que ya estaba en casa.
Trabajo en el que los costes ya están dentro
Buscar y calcular ya está hecho y pagado. Cada presupuesto que acaba en sí es casi todo margen.
Las objeciones salen a la luz
Demasiado caro rara vez es la objeción real. Normalmente es incertidumbre sobre la urgencia o sobre el transporte. A ambas se les puede responder.
Un no también es una ganancia
Así sabes que ese coche no vuelve y dejas de contar con él en tu planning.
Nadie tiene que llamar para hablar de dinero
La llamada más incómoda de la semana desaparece de la lista de tareas de tu mostrador.
No es una ayudita suelta.
Un correo de seguimiento de un programa no sabe qué pasó en el taller. Este agente conoce el coche, el kilometraje y la conversación de la que salió el presupuesto.
- Planificación del tallerConvierte el presupuesto aceptado en una franja con la duración correcta.
- Coche de cortesíaElimina la objeción de que el cliente se queda sin transporte.
- Consulta de recambiosComprueba si la pieza está disponible antes de prometer una fecha.
Lo que este agente no hace.
- No negocia el precio ni hace descuentos.
- No modifica el presupuesto. Si algo tiene que cambiar, pasa a tu mostrador.
- No da consejo técnico sobre si algo puede esperar, solo lo que tú has definido.
- Se para después de tres mensajes, aunque no haya respuesta.
Ya has hecho el trabajo de cálculo. Ve a recogerlo.
Veinte minutos con tus propias cifras. Enseñamos qué haría este flujo en tu taller, o por qué conviene más empezar por otro.
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